Inicié esta época de pandemia acompañando procesos terapéuticos para facilitar la adaptación al confinamiento producto de las cuarentenas, que sin duda para muchos ha sido difícil, sobre todo en aquellos contextos en los que no estaban los espacios, recursos y las condiciones adecuadas para adaptarse a este nuevo sistema.

En estos últimos meses, me han tocado casos de consultantes que están presentando elevados niveles de ansiedad debido a que tienen que insertarse nuevamente en el medio social y retomar las actividades previas a la pandemia, como el trabajo, el colegio, universidades, reuniones, y actividades sociales o familiares, entre otras. Sentir un poco de ansiedad por retomar lo presencial, puede ser una reacción esperable, sin embargo, en algunos casos requiere un acompañamiento psicoterapéutico; por ejemplo, en personas que habían presentado ansiedad social previo al confinamiento, ya que el hogar se trasformó en un lugar seguro, produciendo una sensación de protección, comodidad y control, situación que en el contexto de pandemia, pasa a tener una validación social que libera de juicios negativos el hecho de permanecer tanto tiempo aislado “ahora todos tenemos que estar encerrados”  lo que libera de “responsabilidad” y genera incluso una mayor experiencia de bienestar. Esta situación puede ser muy difícil de querer abandonar, y más aún, cuando se percibe de manera repentina e impuesta “la próxima semana tienes que volver presencialmente al trabajo”, gatillando una mayor sintomatología ansiosa, llegando a ser incluso más de la que se había manifestado antes de la pandemia.

La incorporación del MICC (Método de Integración Cognitivo Corporal), en los casos que presentan sintomatología ansiosa, ha aportado de manera muy efectiva en los procesos terapéuticos. Sin querer mencionar diagnósticos y situándome solamente desde el MICC, se puede mencionar que la emoción de base de los estados ansiosos es el miedo, que desde la biología la comprendemos como una de las cuatro emociones básicas -rabia, miedo, tristeza y alegría-, las cuales son compartidas por todas las personas sin importar su cultura o época, e incluso con los otros mamíferos. Además, el MICC ha podido identificar y diseñar un abordaje en los tres dominios de la conducta, Lenguaje-Cuerpo-Relación, que en la medida que se integran a los procesos psicoterapéuticos, aportan positivamente, independiente del enfoque; pero ¿Cómo se hace esto? ¿Cómo trabajamos con el MICC?

Los tres dominios de la conducta se correlacionan y se modulan entre si, es decir, si trabajamos en el dominio del cuerpo integrando prácticas corporales y atencionales, vamos a encontrar una conexión que se manifiestan en la reflexión y en la relación-emoción. En los casos que menciono, trabajar desde el cuerpo ha sido mucho más rápido y es lo que me gustaría compartir en esta ocasión.

En términos simples, cada emoción básica (miedo, rabia, tristeza y alegría) está vinculada con una musculatura especifica que el MICC ha podido identificar y estudiar, y ha diseñado una serie de distinciones, estrategias, prácticas corporales y atencionales, particulares para cada una de las emociones. Esto a su vez, se relaciona con los demás dominios de la conducta, generando así una experiencia de integración de los diversos aspectos del vivir.

Cuando estamos frente a un caso con sintomatología ansiosa, cuya emoción prevalente es el miedo, podemos trabajar por ejemplo con la musculatura antagónica de dicha emoción, que está relacionada con la rabia. La emoción de la rabia, desde la biología, nos facilita referenciarnos a nosotros mismos, reconocer límites, movilizar a la acción y a la satisfacción de las propias necesidades, entre otros aspectos. Al trabajar con prácticas relacionadas a esta musculatura, podemos observar cómo la persona va adquiriendo mayor autonomía emocional y conductual, logra activar su presencia desde el cuerpo, que a su vez le posibilita contactar con el mundo exterior cuando lo requiera. En la medida que el proceso avanza, vamos explorando en las distintas emociones básicas para facilitar la plasticidad emocional, que a su vez otorga mayor plasticidad conductual.

Algo fundamental es que el MICC no emite juicios sobre la conducta de las personas; el parámetro de cambio no es estándar, está dado por cada individuo y por la búsqueda de su propia adaptación y bienestar, permitiendo que muchas personas estén modificando su funcionamiento habitual y reorganizando creativamente sus rutinas, trabajos, estudios, etc. Desde este método, dependiendo de la configuración propia de cada persona, es válido y legitimo gestionar los entornos necesarios para el propio bienestar. La pandemia abrió muchas posibilidades al respecto; podemos querer permanecer más tiempo en casa si las condiciones lo permiten, trabajar, estudiar en espacios percibidos como protegidos, más allá del Covid, y administrar los espacios de sociabilización y recreación de manera presencial de acuerdo con las propias necesidades de cada persona. Lo importante es que no inhabilite el funcionamiento y que brinde bienestar, en otras palabras, es encontrar el propio nicho y sentir que podemos construirlo y habitarlo.

 

Por Sandra Concha / Psicóloga Clínica  y Directora Área Clínica CICC