A través del proceso educativo de los niños y adolescentes, es común que se ponga especial atención al rendimiento escolar de éstos, ya que como padres se espera que vivan una experiencia de bienestar durante el periodo escolar, alcancen los conocimientos necesarios asociado a cada etapa del desarrollo vital y que se amplíen sus posibilidades de éxito futuro. Sin embargo, a veces, se presentan dificultades en el proceso de aprendizaje, lo que podría generar malestar emocional tanto en el niño como en su familia. En este sentido, hay que considerar que el bajo rendimiento académico no necesariamente tiene como única causa variables individuales asociadas a dificultades específicas del aprendizaje en el niño, sino que también podría responder a variables familiares, sociales y culturales.

Se entiende que el rendimiento académico no responde solamente a las capacidades cognitivas de los niños o adolescentes, sino que se vivencia como un proceso complejo y multifactorial, en el que se ponen en juego situaciones tales como crisis o cambios propios de cada familia, conflictos del desarrollo, dificultades de socialización con grupo de pares, alta presión y exigencia del medio, etc. Es por esto que se vuelve sumamente relevante el poder reflexionar y preguntarnos respecto de todos los factores que podrían estar influyendo en las dificultades de rendimiento de nuestros hijos, ya que las notas no son el único indicador a considerar y no reflejan fielmente las capacidades y potencialidades de los estudiantes.

El Modelo de Integración Cognitivo Corporal trabaja con un enfoque sistémico del comportamiento, entendiendo que cada humano es un sistema complejo en donde convergen distintas variables cognitivas, físicas y emocionales, las que interactúan entre sí y se expresan a través de diferentes tipos de conductas. En consideración a esto, podemos afirmar que cada niño es diferente en sus capacidades, necesidades y formas de expresarlas. Entender esto es fundamental para reforzar los propios recursos conductuales y emocionales de cada niño y adolescente sin imponer una norma sobre lo que debería ser, sino que, entendiendo y potenciando su propia configuración, lo que reafirmará su confianza y autoestima, permitiendo que tenga una base sólida que le permita buscar su camino.

Puesto que nuestro actual sistema educativo se encuentra enfocado principalmente en el desarrollo de competencias cognitivas e intelectuales, no contando con las herramientas para detectar y abordar las diferentes aristas del desarrollo afectivo y emocional de la persona, es necesario que como padres que enfrentan una baja en el rendimiento escolar de alguno de sus hijos, pongan atención al estado emocional en el que se encuentra el estudiante y se logre brindar contención y apoyo a nivel familiar, así como buscar apoyo especializado en caso de ser necesario.

Lo más importante es entender que el proceso de aprendizaje del ser humano es intrínsecamente relacional, desde esta idea se desprende la relevancia que toma el acompañamiento que puedan realizar profesores, compañeros y padres en la etapa escolar de los niños, ya que esto podría marcar la diferencia entre un estudiante que presente interés y gusto hacia el estudio y otro que se encuentre altamente desmotivado.

Por: Gabriela Maturana y Valeria Retamal, Psicólogas infanto – juveniles, Centro ICC.